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Inmigración: El partir es morir un poco

abril 18, 2009

Para personas como los finlandeses, quienes alguna vez fueron una tribu nómada, y terminaron estableciéndose en este rincón mágico de Europa, el ritual de la despedida sigue siendo una parte importante de nuestra herencia cultural. Las despedidas se notan en todas partes de nuestra cultura. Hasta Väinämöinen, el mítico héroe barbudo blanco del Kalevala, parte en un bote para no regresar jamás. Hasta Jean Sibelius compuso un concierto llamado, Buenas noches – adiós.

Varios tipos de separaciones marcan la historia de Finlandia. Existe la despedida del migrante quien navegó a las Americas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y la del último beso de una joven esposa y esposo, o la de una madre a su amado hijo, quien pronto moriría en el frente de batalla.

Algunas de estas despedidas son tan intensas, que son recordadas y transmitidas de generación en generación. Mi madre una vez  me contó de que manera mi abuela descubrió acerca de la muerte de su hijo , sirviendo a la ejército de EE.UU., en el frente italiano en la 2da Guerra Mundial. Aunque haya pasado más de medio siglo, me sorprendí de lo claro que pudo describir el evento trágico. “Aino estaba horneando en la cocina,” dijo ella. “Fue por la tarde cuando recibió el telegrama del departamento de estado de los EEUU. Colapsó al enterarse la noticia de la muerte de Leo.”

La muerte, que no es más que un último adiós, es una imagen recurrente encontrada en las despedidas de los finlandeses. El poeta francés Edmond Haraucourt (1856-1941) creyó que la imagen de la muerte aparece siempre cuando dos humanos se separan. Escribió: partir c´est mourir un peu. Cést mourir a ce qu´on aime. ( El partir es morir un poco, es morir a lo que uno ama).

El fin de la 2da guerra Mundial, no conduce al final de las dolorosas despedidas. Por el contrario, cientos de miles de finlandeses comenzaron a mudarse a las ciudades dejando sus hogares en la campiña. En esas ciudades surgió un gran vacío porque esas personas que dejaron el campo fueron cubiertos de nostalgia ya que constantemente recordában sus hogares en la campiña y las despedidas que fueron las últimas imágenes.

Aún hoy en medio de lo moderno y relativamente barato del pasaje aéreo y de internet, nosotos continuamos siendo forjados por un sentimiento de constante movimiento y por las pasadas, presentes y futuras despedidas.

Espero que los saltos tecnológicos y los grandes pasos que la humanidad de en éste milenio hagan obsoletas las despedidas. Posiblemente una nueva manera de viajar, a través de una dimensión como el ciber espacio, nos permita estar a miles de kilometros en varios lugares simultáneamente, sin movernos del cuarto en donde nos encontramos.

Bajo semejantes circunstancias, no sería necesario despedirse porque podríamos estar con todas las personas que amamos y con los amigos que deseáramos.

Despedidas “light”

Por muchos años, y casi subconcientemente, me he distanciado de las despedidas, especialmente aquellas que son profundas, largas y casi las ultimas. Es por eso que no disfruto ir a funerales ni despedirme de un buen amigo antes de un viaje largo. El poeta alemán Rainer Maria Rilke una vez escribió: “Estate por delante de todas las despedidas, como si estuvieran por detrás de ti, como el viento que justo está partiendo.”

La despedida más dificil que experimenté era cuando debía decirle adiós a los veranos que pasé con mis abuelos maternos en los bosques de Savo en Finlandia oriental. Es una mentira pensar que la despedida con la naturaleza es un acto de un sentido. Antes de la partida de Savo, podía sentir susuros tristes de adiós de los bosques acercándose a mí un poco antes de regresar al hormigón de las calurosas y asfaltadas calles de Los Angeles, California.

El ritual de la despedida era una experencia más traumática a comienzos del siglo pasado que hoy en día. En aquel entonces, las personas que no se volverían a ver nunca más, por el destino o la geografía, tuvieron que disfrazar las despedidas con grandes dósis de esperanza. Tuvieron que convencerse de que pronto se volverían a ver, aunque nunca lo hicieran.

¿Cómo millones de migrantes hubieran podido dejar a sus afectos si hubiesen sabido que no los volverían a ver nunca más? Posiblemente la historia de la humanidad se hubiese escrito diferente si hubiésemos tanido la habilidad de saber si nuestras despedidas eran las últimas.

Esta columna fue publicada anteriormente en la revista Suomen Silta (en inglés), Fennia y en el blog Migrant Tales.

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2 comentarios leave one →
  1. junio 19, 2009 1:09 pm

    Bonísimo texto, Enrique.

    Aunque mi español escrito no sea bueno, yo pude entender todo el texto y me emocioné mucho.

    Mi abuela también puede describir con mucha elocuencia la historia de la partida de nuestros antepasados Italianos. Ellos dejaron sus lares, viajaron en barcos sucios, y muchos de ellos se murieron durante el viage, para recomenzar sus vidas en una tierra desconocida, portando solamente unas pocas semillas de maíz, herramientas y el deseo de dar a sus hijos un futuro digno y más feliz.

    Creo que debemos acuerdar siempre que ellos sufrieron por nosostros.

    • junio 19, 2009 7:40 pm

      Hola Mateus, comparte todo lo que dices. Es verdad. Nuestro antepasados sacrificaron mucho por nosotros y por eso hay un respeto muy grande que les debemos.
      Un gusto de verte por acá.
      Abrazos,
      Enrique

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