Para personas como los finlandeses, quienes alguna vez fueron una tribu nómada, y terminaron estableciéndose en este rincón mágico de Europa, el ritual de la despedida sigue siendo una parte importante de nuestra herencia cultural. Las despedidas se notan en todas partes de nuestra cultura. Hasta Väinämöinen, el mítico héroe barbudo blanco del Kalevala, parte en un bote para no regresar jamás. Hasta Jean Sibelius compuso un concierto llamado, Buenas noches – adiós.
Varios tipos de separaciones marcan la historia de Finlandia. Existe la despedida del migrante quien navegó a las Americas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y la del último beso de una joven esposa y esposo, o la de una madre a su amado hijo, quien pronto moriría en el frente de batalla.
Algunas de estas despedidas son tan intensas, que son recordadas y transmitidas de generación en generación. Mi madre una vez me contó de que manera mi abuela descubrió acerca de la muerte de su hijo , sirviendo a la ejército de EE.UU., en el frente italiano en la 2da Guerra Mundial. Aunque haya pasado más de medio siglo, me sorprendí de lo claro que pudo describir el evento trágico. “Aino estaba horneando en la cocina,” dijo ella. “Fue por la tarde cuando recibió el telegrama del departamento de estado de los EEUU. Colapsó al enterarse la noticia de la muerte de Leo.”
La muerte, que no es más que un último adiós, es una imagen recurrente encontrada en las despedidas de los finlandeses. El poeta francés Edmond Haraucourt (1856-1941) creyó que la imagen de la muerte aparece siempre cuando dos humanos se separan. Escribió: partir c´est mourir un peu. Cést mourir a ce qu´on aime. ( El partir es morir un poco, es morir a lo que uno ama).
El fin de la 2da guerra Mundial, no conduce al final de las dolorosas despedidas. Por el contrario, cientos de miles de finlandeses comenzaron a mudarse a las ciudades dejando sus hogares en la campiña. En esas ciudades surgió un gran vacío porque esas personas que dejaron el campo fueron cubiertos de nostalgia ya que constantemente recordában sus hogares en la campiña y las despedidas que fueron las últimas imágenes.
Aún hoy en medio de lo moderno y relativamente barato del pasaje aéreo y de internet, nosotos continuamos siendo forjados por un sentimiento de constante movimiento y por las pasadas, presentes y futuras despedidas.
Espero que los saltos tecnológicos y los grandes pasos que la humanidad de en éste milenio hagan obsoletas las despedidas. Posiblemente una nueva manera de viajar, a través de una dimensión como el ciber espacio, nos permita estar a miles de kilometros en varios lugares simultáneamente, sin movernos del cuarto en donde nos encontramos.
Bajo semejantes circunstancias, no sería necesario despedirse porque podríamos estar con todas las personas que amamos y con los amigos que deseáramos.
Despedidas “light”
Por muchos años, y casi subconcientemente, me he distanciado de las despedidas, especialmente aquellas que son profundas, largas y casi las ultimas. Es por eso que no disfruto ir a funerales ni despedirme de un buen amigo antes de un viaje largo. El poeta alemán Rainer Maria Rilke una vez escribió: “Estate por delante de todas las despedidas, como si estuvieran por detrás de ti, como el viento que justo está partiendo.”
La despedida más dificil que experimenté era cuando debía decirle adiós a los veranos que pasé con mis abuelos maternos en los bosques de Savo en Finlandia oriental. Es una mentira pensar que la despedida con la naturaleza es un acto de un sentido. Antes de la partida de Savo, podía sentir susuros tristes de adiós de los bosques acercándose a mí un poco antes de regresar al hormigón de las calurosas y asfaltadas calles de Los Angeles, California.
El ritual de la despedida era una experencia más traumática a comienzos del siglo pasado que hoy en día. En aquel entonces, las personas que no se volverían a ver nunca más, por el destino o la geografía, tuvieron que disfrazar las despedidas con grandes dósis de esperanza. Tuvieron que convencerse de que pronto se volverían a ver, aunque nunca lo hicieran.
¿Cómo millones de migrantes hubieran podido dejar a sus afectos si hubiesen sabido que no los volverían a ver nunca más? Posiblemente la historia de la humanidad se hubiese escrito diferente si hubiésemos tanido la habilidad de saber si nuestras despedidas eran las últimas.
Esta columna fue publicada anteriormente en la revista Suomen Silta (en inglés), Fennia y en el blog Migrant Tales.
10. Últimos pensamientos
El poeta fancés, Edmond Haraucourt (1856-1941), creía que la imagen de la muerte aparce siempre cuando dos personas se separan. Dijo: “El partir es morir un poco, es morir a lo que uno ama.”
El ritual de la despedida era una expreiencia más traumática a comienzos del siglo pasado que hoy. En aquellos tiempos, las personas que no se volverían a ver nuna más, por el destino o las cirumstancias de la geografía, tuvieron que disfrazar las despedidas con grandes dosis de esperanza. Tuvieron que convencerse de que pronto se volvierían a ver, aunque nunca lo hicieran.
¿Cuántos inmigrantes de Finlandia y de otros países hubieran dejado a sus seres queridos si hubieran sabido que sería la última vez que los vieran? Seguramente la historia de la humanidad se hubiera de manera distinta si hubiéramos tenido el don de saber si nuestros adioses eran los últimos.

9. Helga y Artturi Heino se enamoran y se quedan
Siempre en el campo
conseguí un poco de fuerza
pensando que este sería
el último año
que hiciera este trabajo.
Lo único que nos faltaba
era un comprador para la chacra
todo estaba listo
peru después me embarazé.
Cuando nació Jussi
había estallado en Europa
la Segunda Guerra Mundial
pero nos quedo una pequeña esperanza:
Nos mudaríamos cuando
terminara la guerra.
Pero cuando terminó la guerra
había nacido
una pequeña hija,
Elena, en 1941.
Teníamos cuatro hijos
y poco dinero.
Artturi siempre añoraba
a Finlandia y toda su vida
vivió con la esperanza
de volver a su país natal.

8. Eelis Heikkilä: El último recolector
Yo hago todo el trabajo aquí
limpio y carpo el bananal.
Hace dos meses me picó una víbora
suerte que tenía puesto
un pulóver grueso y un saco:
era un yarará (Bothrops alternatus).
Mis pies no aguantan más
cada cargamento que llevo pesa cuarenta kilos
puede ser que haga hasta 100 cargamentos por día
puede ser que en un día
haya cargado más de mil kilos de bananas.
Mis pies ya no aguantan más
mis pies están doloridos
después de un día de trabajao
es difícil levantarse en la mañana.
No hay en esta zona tantos finlandeses
Me estoy olvidando del finlandés
no tengo con quien hablar.
Colonia Finlandesa es un lugar triste
como nadie vive cerca de mí
me quedaría solo tirado
y nadie escucharía a mi socorro
si me picara una víbora.
(Eelis falleció a los 66 años unos meses antes de que visitara a Colonia Finlandesa en mayo de 1998.)

7. Helena Haksluoto: Encuentro con la muerte
Cuando vivía en Colonia Finlandesa
siempre estaba con finlandeses
estos argentinos son tan diferentes a nosotros.
Mi prima Anita me dijo una vez de visita:
“Nosotros los Vatanen somos bien finlandeses.”
Mi siento netamente finlandesa
aunque mi mamá me dio a luz en esta tierra.
***
Era un mediodía de abril
de repente cayó un rayo en la casa
escuché una explosión fuerte
en la otra habitación
de repente la casa etaba en llamas.
Vi a mi marido en el piso, desnudo
tenía toda la ropa quemada
sus dedos estaban resbalosos como el jabón.
El cuerpo de Eino se había quemado
y ablandado cuando lo arrastraba
salían pedazos enteros de su carne.
No hace mucho tiempo,
Eino me visitó en un sueño
estaba sentado tranquilo,
con sus manos cruzadas; su anillo
brillaba intensamente.
Eino me había visitado para decirme:
“Todo lo que ha pasado es culpa de tu tía Ruusa
pero no tiene ninguna importancia.

6. Eino Parkkulainen: El Chermau Blanco
No tenía ninguna razón para irme,
pero quería ver el mundo;
tenía 22 años y era soltero
de la parroquia de Kitee,
del pueblo de Juurikkajärvi,
de la localidad de Kokkoniemi
y quería ver al mundo…
El jefe indio me dio
un nombre de honor: Chermau Blanco (Hermano Blanco).
Es el honor más grande,
que un indio guaraní puede darle a un forastero.
Conseguí todo tipo de invitaciones al campamento indio.
El jefe indio mandó
cinco hombres armados
para ser mis guaraespaldas durante el viaje.
Unos paraguayos
trabajando en la ruta preguntaron
si ellos podrían ir también a la fiesta
uno de los guaraespaldas le respondió:
“Sí, pueden venir,
pero no sé si regresarán.
Chermau Blanco si regresará.”
Fue la mejor parte de mi vida.

5. Antti Lemmetyinen despertó el interés en Misiones
El viejo Antti solía decir:
“No soy antipático, soy Antti Lemmetyinen.”
…Era el viejo Antti Lemmetyinen
quien despertó el interes de muchos de Kitee
a Colonia Finlandesa.
El viejo Antti llegó a la Finlandesa en 1908.
Se decía que él se había fugado de su mujer.
A veces Antti contaba
que había dejado a su mujer.
Algunas veces él se sentaba sobre
una caja de madera
deprimido y con la cabeza agachada.
Una ves Hedvig Niskanen le preguntó:
“¿Qué estás pensando?”
Entonces Antti le pediía que cantara
canciones finlandesas de amor.
Al escucharlas a Antti
le empezaba a caer
grandes lágrimas y dijo:
“Vuelvo a Finlandia.”
(Regresó a Misiones en 1920 con su esposa Maija Liisa, y su yerna Olga y su nieto Sulo. Pekka y Herman Lemmetyinen se establicieron en Colonia Finlandesa en 1914.)

4. De Kitee a las selvas de Misiones
Karelianos, principalmente de Kitee,
buenos agricultores
plantaban tabaco y yerba mate (un té local)
que los finlandeses llamaban kuija.
También plantaban otros cultivos.
Los karelianos trajeron consigo
a Colonia Finlandesa läskisoosi
(salsa de tocino acompañado con papas)
y los carelianos la disfrutaron con buen apetito
aún con una temperatura ambiente de 35 grados;
algunos la comían diariamente.
Drante los 1920
llegó a Colonia Finlandesa
de Kitee casi un pueblo entero:
Los Laasonen, los Pirhonen, los Heino, los Malinen
dos familias Hirvonen y cuatro familias Lemmetyinen,
muchos Putkuri.
De soltero de Kitee llegaron
por lo menos Jussi Makkonen y Eino Parkkulainen.
Eran diferentes a los finlandeses de origen sueco
que llegaron en 1906
a muy pocos gustaba trabajar como agricultores.
Los de Kitee se identificaban con el trabajo de la tierra.

Este es el tercer cuadro de diez de la exposición sobre Colonia Finlandesa:
3. Svea Gumberg: Nacer en la historia
Tengo que admitir algo:
siempre he tenido miedo
de irme de esta colonia
proque es aquí
donde me siento segura.
Cuando vanía
la gente del censo o autoridades,
yo me escapaba al monte.
Nunca me he ido de aquí
a no ser por una emergencía.
No tengo documentos
y por eso ninguna
autoridad sabe que existo.
Me da miedo que algún día
alguna autoridad me lleve de aquí.
Nadie en la Argentina se atreve
salir de su casa sin documentos
la policía y el ejército paran
a cualquiera hoy en día
con mucha facilidad.
Me voy otra vez de visita.
Me puse mi mejor ropa:
un vestido blanco,
decorado con flores azules.
Y zapatos nuevos.
(Svea muió el día siguiente cuando la entrevisté el 19 de diciembre de 1977. Ella murió cuando una víbora la picó. Nació en 1906, el mismo año que fue fundada Colonia Finlandesa. )

Este es el segundo cuadro de diez de la exposición sobre Colonia Finlandesa:
2. Llegada a Colonia Finlandesa
En la primer colina
a la derecha un yerbatal
a la izquierda una zona desmontada
los troncos cortados esperan
ser transportados a un aserradero.
Caminando colonia adentro
se acerca un hombre
de unos sesenta años
no es finlandés
con un diente de oro.
No se conocen
pero se saludan
porque el ladrido lejano de un perro
no hay nadie más que ustedes;
en alguna parte se escucha el viento
que acaricia los pinos
pero también se esfuma.
Todo parece tan vacío.
(Miércoles, 29 de agosto de 1984)

